Vargas Llosa: La novela es un muerto que goza de muy buena salud en España y América Latina

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Conocida la noticia: La fiesta del chivo elegida como la mejor novela del siglo XXI, en España, encuesta consultada por el diario ABC, Vargas Llosa ha dicho: «No sabía que tenía tantísimos amigos». La lista de las diez mejores novelas es esta:

1. “La fiesta del Chivo”, de Mario Vargas Llosa
2. “Crematorio”, de Rafael Chirbes
3. “Tu rostro mañana”, de Javier Marías
4. “Soldados de Salamina”, de Javier Cercas
5. “La sombra del viento”, de Carlos Ruiz Zafón
6. “Los enamoramientos”, de Javier Marías
7. “La piel fría”, de Albert Sánchez Piñol
8. “El mal de Montano”, de Enrique Vila- Matas
9. “Rabos de lagartija”, de Juan Marsé
10. “El día de mañana”, de Ignacio Martínez de Pisón

En la misma entrevista hecha por Tulio H. Demicheli, Vargas Llosa pone un freno a los últimos comentario acerca del fin de la novela. “Dicen que la novela ha muerto”, le preguntan. “Eso es una tradición tan antigua como la novela misma”, responde el Nobel. Y agrega: “A finales del siglo XIX fue un adagio casi temático: Zola, Galdós, hasta los hermanos Goncourt decían: Estamos asistiendo a la desaparición de la novela. Pero estaba y está muy viva. Tanto, que hoy vive un gran florecimiento: hay escritores audaces y de gran diversidad. No soy nada pesimista. Sigue habiendo ilusión. La novela es un muerto que goza de muy buena salud en España y América Latina.”

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Mesa redonda ‘60 años de la llegada de Julio Ramón Ribeyro a España’, que se enmarca en el ciclo ‘La Literatura del Perú en España’, realizado en noviembre del 2012. Eva María Valero Juan, Universidad de Alicante, y Javier de Navascués, Universidad de Navarra exponen. Julio Ramón Ribeyro uno de los grandes narradores de la literatura hispanoamericana del siglo XX, qué duda cabe. (Via Casa América)

España, aparta de mí este cáliz, en versión facsímil

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Ediciones Ardora publica en versión facsimilar España, aparta de mí este cáliz de César Vallejo, tomado del ejemplar, impreso en 1938, y conservado en la Abadía de Montserrat. Incluye el prólogo Juan Larrea y el célebre dibujo de Pablo Picasso. Edición al cuidado de Manuel Altolaguirre. El facsímil se completa con un epílogo de Alan Smith Soto, profesor de Literatura Española en Boston University.

La nota es de Alberto Ojeda:

Decía en algunas ocasiones su viuda Georgette que César Vallejo había muerto de España. Y algo de eso hubo: nuestro país fue para el poeta un amor de los que matan. Mientras agonizaba pedía que le llevaran a España. Le sobrecogió la locura sangrienta que se desencadenó en 1936. Él vivía en París pero seguía muy de cerca las evoluciones del asalto de Franco a la República. Participó con el ánimo encendido en la fundación del Comité Iberoamericano para la Defensa de la República Española. Y viajó en dos ocasiones por diversas ciudades españolas durante la contienda. 

En la segunda, en julio del 37, intervino en el Congreso Internacional de Escritores Antifascistas de Valencia. Esas visitas le removieron la conciencia y le llevaron a escribir poesía de nuevo, después de muchos años sin hacerlo (Trilce, su anterior poemario, se publicó en 1922). Puede decirse pues que España también resucitó como poeta a Vallejo. El zarandeo emocional que sufrió le empujó a escribir España, aparta de mi este cáliz, un canto de dolor y combate que cuajó en el otoño de 1937 y vio la luz en el 39, cuando Vallejo ya había fallecido, en una edición para la leyenda que ahora, casi tres cuartos de siglo después, publica Ardora en versión facsímil. 

Cuando el frente republicano se desmoronaba en Cataluña por el empuje de las tropas franquistas, Manuel Altolaguirre, miembro de la generación del 27 y virtuoso de la edición, intentaba dar forma a una tirada del poemario de Vallejo en el Monasterio de Montserrat. El poeta malagueño estaba al cargo de la imprenta del templo, que databa de finales del siglo XV y había sido montada por discípulos directos de Gutenberg. Allí el Gobierno de Cataluña había instalado el Hospital del Ejército del Este. Un detalle que tuvo su importancia en la génesis del libro. De hecho, no fueron pocas las vendas de los heridos que se utilizaron para fabricar el papel sobre el que se imprimió. Junto con una bandera fascista y el traje de un soldado moro… Esto último lo aporta el mito y nunca sabremos en qué medida fue cierto. 

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Herralde: Hay vida afuera de los grandes grupos editoriales

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El fundador de la editorial Anagrama en una entrevista con El Universal. La nota es de Yanet Aguilar:

En abril de 1969, hace 44 años, Jorge Herralde, el mítico editor español independiente, comenzó a publicar los primeros libros de Anagrama; desde ese tiempo a la fecha ha conformado un catálogo envidiado por cualquier editor, ha descubierto voces nuevas, impulsado escritores de gran trayectoria pero con poca presencia internacional; ha traído a lengua española la obra de autores como Martin Amis, Ian McEwan, Paul Auster, John Kennedy Toole, Richard Ford o Julian Barnes, y fortalecido a iberoamericanos como Álvaro Pombo, Javier Marías, Sergio Pitol y Roberto Bolaño.

Herralde, editor sagaz que dejó la ingeniería y la empresa familiar en la que “vegetaba” para crear una editorial emblemática, está en México para encontrarse y comer con sus amigos -escritores, editores, libreros-, recorrer librerías -conocida pasión-, y para dictar -anoche- la conferencia “Editar sólo títulos excelentes como deporte de riesgo”, en la Universidad del Claustro de Sor Juana.

Ese editor que ha sido llamado “el último mohicano de la edición independiente” habla con El Universal del arte de editar y descubrir nuevas voces narrativas; de la venta de Anagrama a Feltrinelli Editore, de los hallazgos últimos, como la contratación de Leila Guerriero, una enorme crónica sobre el malambo argentino, una danza frenética que lo ha dejado azorado.

Es constante su presencia en varios países y desde luego México

Es muy constante mi visita, pero ya hacía unos años que no paraba en el DF, llegaba para irme a Guadalajara, pero a partir de 2014 haremos lo que hacíamos hace muchos años, venir en agosto, tener una semana para ver a los amigos, a los libreros y luego tener 10 días en una playa.

¿Cómo es su vida, igual de deseoso de descubrir autores?

Cuando estoy en España me he impuesto un sistema de trabajo, de lunes a viernes actividad frenética, reuniones, presentaciones de libros, autores que aterrizan y si puedo sábado y domingo no salgo de casa leyendo manuscritos y si aparte juega el Barça, pues viendo el Barça que ha sido un placer estético los últimos años. Me gusta estar cinco días sin parar y dos, que como máximo voy a comprar el periódico.

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Javier Marías gana el Premio Formentor de las Letras

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El escritor Javier Marías (Madrid, 1951) ha sido galardonado con Premio Formentor, dotado con 50.000 euros, en reconocimiento a su trayectoria literaria y por haber contribuido a definir la gran literatura europea. El año 2012 lo obtuvo Juan Goytisolo, y el 2011 el recordado Carlos Fuentes. Recordemos que el año pasado Javier Marías rechazó el Premio Nacional de Narrativa, en España.

Aquí la nota de Wiston Manrique:

El creador de obras como Tu rostro mañana, Todas las almas, Mañana en la batalla piensa en mí, Corazón tan blanco y Los enamoramientos ha sido distinguido con el Premio Formentor de las Letras. Es Javier Marías, escritor, académico y columnista, quien recibe este galardón por toda su trayectoria que, según el jurado, ha contribuido a definir la gran literatura europea contemporánea.

Marías (Madrid, 1951) recibe este galardón tras un año marcado por el éxito internacional (ingresó en el selecto club de autores publicados en la serie Modern Classics de la editorial británica Penguin, sumado a las críticas elogiosas de su última novela,Los enamoramientos) y la polémica en España al haber rechazado en octubre el Premio Nacional de Narrativa por Los enamoramientos.

El jurado de los Premios Formentor, presidido por Basilio Baltasar y formado por Félix de Azúa, Manuel Rodríguez Rivero, Juan Antonio Masoliver Ródenas y Berta Vías Mahou considera que Javier Marías es hoy uno de los escritores más apreciados en los países europeos y, a pesar de haber comenzado a publicar a muy temprana edad, su obra no ha perdido desde su primer libro el aliento y la creatividad que lo ha convertido en unos de los escritores más interesantes de la literatura en español. El jurado reconoce a “un importante renovador de la narrativa en español que ha encontrado en Europa voces y modos que hasta ahora eran infrecuentes en la tradición española”. Además, valora especialmente la integración de acción descriptiva, introspección y digresión en perfecto equilibrio para la dinámica del relato.

El jurado recuerda, además, que el escritor madrileño ha sido reconocido por un público “dispuesto a compartir una narrativa nada complaciente, pero sumamente grata entre quienes mantienen el aprecio por la gran literatura”. Una obra que, afirman, “representa un triunfo de la inventiva gracias a la habilidad con que ha sabido contar, describir y pensar, sin que se resienta el flujo narrativo”.

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José Ovejero gana el Premio Alfaguara de Novela con ‘La invención del amor’

José Ovejero (Madrid, 1958) es el el nuevo ganador del XVI Premio Alfaguara de Novela, dotado de 130.000 euros, por La invención del amor. Ovejero a declarado que “al protagonista de mi novela también le pasa lo mismo, que le llaman por teléfono y su vida cambia completamente, pues a mí me va a pasar lo mismo”. La invención del amor narra la historia de Samuel, un soltero a los cuarenta, quien recibe la noticia de la muerte de una misteriosa mujer llamada Clara y a partir de allí la convierte en el centro de su vida.

Aquí la nota del ABC:

El escritor español José Ovejero ha sido galardonado con el Premio Alfaguara de Novela 2013, dotado con 175.000 dólares (unos 130.000 euros) y una escultura de Martín Chirino, por la obra «La invención del amor», presentada bajo el título «Triángulo imperfecto» y con el seudónimo Doppelgänger.

El jurado, presidido por Manuel Rivas y compuesto por Annie Morvan, José María Pozuelo Yvancos, Jordi Puntí, Xavier Velasco, Antonio Ramírez y Pilar Reyes (con voz pero sin voto), ha declarado ganadora la novela por mayoría.

José Ovejero (Madrid, 1958) vive entre Madrid y Bruselas, donde combina su pasión por la literatura con las colaboraciones periodísticas. Desde que ganara el Premio Ciudad de Irún 1993 con su poemario «Biografía del explorador», ha cultivado todos los géneros, siendo especialmente reseñable su libro de viajes «China para hipocondríacos», merecedor del Premio Grandes Viajeros 1998, y su novela «Las vidas ajenas», ganadora del Premio Primavera 2005.

Desde su primer galardón hasta el último, el autor ha continuado cultivando el género narrativo con novelas como «Añoranza del héroe», «Huir de Palermo», «Un mal año para Miki», «Nunca pasa nada» y «La comedia salvaje» (que obtuvo el Premio Ramón Gómez de la Serna 2010), con libros de relatos como «Cuentos para salvarnos a todos», «Qué raros son los hombres» y «Mujeres que viajan solas», y con ensayos como «Escritores delincuentes» y «La ética de la crueldad» (Premio Anagrama de Ensayo 2012).

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Una literatura se hace nacional cuando se puede hablar mal de ella, no cuando se puede hablar bien

A raíz de un concepto expuesto por César Aira en el I Encuentro Internacional de Literaturas Americanas, en el 2010, el crítico español Ignacio Echevarría lo absorbe y toma como referencia para hablar de la literatura nacional en España. ¿Por qué hablar de libros malos o mediocres? ¿Por qué no limitarse a seleccionar aquellos que sí valen la pena?, se pregunta. 

Ignacio Echecarría escribe en El Cultural:

“Una literatura se hace nacional, y es asumida como propia por los lectores de esa nación, cuando se puede hablar mal de ella, no cuando se puede hablar bien. Eso último cualquiera puede hacerlo, con o sin sentimiento de pertenencia. Es como en los matrimonios o entre hermanos o amigos, cuando uno puede hablar mal del otro, pero no permite que lo hagan terceros. Que uno pueda hacerlo es un derecho que confirma la propiedad, la intimidad, el cariño y hasta el orgullo.” 

A la luz de estas palabras, se me ocurre preguntarme de qué modo cumple la literatura española esta condición de literatura nacional. 

No faltan los ejemplos de escritores españoles que han hablado mal de libros y de autores que forman parte del más indiscutible canon de la literatura española. Pienso en las violentas arremetidas de Juan Benet contra Benito Pérez Galdós o contra el Guzmán de Alfarache; en la famosa de Jaime Gil de Biedma contra Juan Ramón Jiménez; en la desmitificadora y deslumbrante lectura que Rafael Sánchez Ferlosio hace de las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique, en un apéndice memorable de Las semanas del jardín; por poner ejemplos próximos, en los que por ambas partes entran en juego nombres incontestables. Son ejemplos esclarecedores del tipo de relación beligerante con una tradición determinada que -conforme a las palabras de Aira- no sólo autoriza, sino que debería fomentar el sentimiento de pertenencia a ella. 

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El escritor barcelonés Use Lahoz gana el Premio Primavera de Novela

La novela galardonara se llama El año en que me enamoré de todas, una novela de amor dentro de otra historia de amor. Este premio es entregado por la editorial Espasa. El año pasado lo obtuvo Fernando Savater con Los invitados de la princesa

La nota de El País dice:

Una historia de amor dentro de otra historia de amor. O, mejor, la historia de un hombre que busca rescatar su propia vida y recuperar un antiguo amor en el siglo XXI alentado por el hallazgo de un manuscrito que cuenta la vida de su vecino a comienzos del siglo XX. Con este argumento de la novela titulada El año en que me enamoré de todas, Use Lahoz ha ganado hoy el XVII Premio Primavera de Novela 2013, dotado con 100.000 euros. El jurado del premio, que entrega la editorial Espasa y Ámbito Cultural de El Corte Inglés, estuvo presidido por Ana María Matute y compuesto por Antonio Soler, Ángel Basanta, Ramón Pernas, Fernando Rodríguez Lafuente, Ana Rosa Semprún y Berta Noy como secretaria con voto.

La novela ganadora, según la editorial, “aúna lo mejor de la escritura de Use Lahoz: su prosa inconfundible en el relato de la saga familiar de los Fournier con la frescura de la historia de Sylvain en Madrid, dos tonos y dos relatos engarzados con soltura que dotan a la novela de un estilo tan característico como personal”. Lahoz (Barcelona, 1976) es autor de las novelas Los Baldrich y La estación perdida, y los poemarios Envío sin cargo y A todo pasado.

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Leopoldo María Panero, el poeta maldito español

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Visor reúne la Poesía completa de Leopoldo María Panero (Madrid, 1948), uno de los poetas imprescindible de la poesía española contemporánea, conocido por su condición de poeta maldito y marginado. Este libro comprende los veinticuatro títulos publicados por Leopoldo María Panero entre los años 2000-2010.

La nota de Luis García Jambrina:

Este libro es la continuación del titulado «Poesía completa» (1970-2000), aparecido en 2001 (Visor) y editado por el profesor y crítico Túa Blesa, el mejor estudioso, conocedor, editor e intérprete de la obra deLeopoldo María Panero (Madrid, 1948), a quien hace años dedicó un esclarecedor ensayo titulado «Leopoldo María Panero, el último poeta» (1995) y de quien ha editado también «Cuentos completos» (2007) y «Traducciones / Perversiones» (2011).

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Caballero Bonald evoca a Stéphane Mallarmé

El Premio Cervantes, el poeta José Manuel Caballero Bonald, reúne una serie de ensayos sobre sus autores más querido en el Oficio de lector que próximamente saldrá a la venta bajo el sello de Seix Barral. Aquí “Evocación de Mallarmé”, adelanto ofrecido por El Cultural:

Mi encuentro con la poesía de Mallarmé ocurrió en algún incierto recodo de mi noviciado literario, más o menos cuando trabajaba en los poemas que habrían de constituir mi primer libro, Las adivinaciones. Eso ocurrió hace ya mucho tiempo, algo más de medio siglo y, hasta donde yo me puedo acordar, fue un hallazgo, amén de prematuro, adecuadamente desconcertante. Yo había estado una temporada en París y regresé a España con unos pocos libros inevitables adquiridos en un bouquiniste del Barrio Latino. Me acuerdo muy bien: la simple apariencia tipográfica de los libros tiene a veces el prestigio imborrable de una vieja emoción. Eran ediciones baratas, impresas en papel de inferior calidad y con livianas cubiertas pajizas, unas antologías de Rimbaud, de Baudelaire, de Mallarmé, sin ningún rigor crítico, desprovistas incluso de alguna justificativa nota editorial, pero que fueron aproximándome a un ámbito expresivo que, en principio, me conmovió dudosamente y que luego fue alterando de modo paulatino mis parajes poéticos más transitados. Encontré allí finalmente un modo de cimentar la poesía con unos materiales lingüísticos que yo desconocía y que me abrieron las puertas a una imaginería verbal nueva, hecha de registros iluminadores en lo más enigmático de la realidad, con la que empecé a entendérmelas mal que bien en aquellos obviamente difusos ejercicios de iniciación poética. 

Si me permito evocar todo eso, que no deja de ser una información bastante imprecisa, es porque tampoco encuentro mejor manera de referirme a mis primeras emociones de lector de Mallarmé. Ya he apuntado que mi inicial reacción fue la del desconcierto. Yo venía del Juan Ramón Jiménez de laSegunda Antolojía, del Cernuda de La realidad y el deseo, del Neruda de las Residencias, y me aproximé de pronto a una voz como irreconocible, mucho más secreta y recóndita, más inalcanzable, que todas las que había escuchado hasta entonces. Apenas si lograba traspasar la frontera idiomática de aquellos poemas difíciles, abstrusos, una frontera referida incluso a los textos más aparentemente descriptivos, donde me parecía barruntar de pronto el poderoso oleaje estético de Baudelaire. Y en lo primero que pensé fue en un dato más bien obvio, pero para mí sorprendente: en que aquel poeta tan moderno, tan vinculado a una noción de la belleza vigente en los mejores tramos de la literatura universal, había vivido en la segunda mitad del siglo xix, prácticamente al mismo tiempo que Baudelaire y desde luego que Rimbaud. En esos años, la poesía nuestra oscilaba entre los últimos románticos encabezados por Bécquer y los zafios realistas representados por Núñez de Arce y Campoamor. Con eso está dicho todo. Menos mal que ya apuntaba el modernismo con sus secuelas simbolistas importadas por Rubén Darío, con lo que el anodino muestrario poético comenzó a revitalizarse. En cualquier caso, la lejanía cronológica de Mallarmé no resultaba fácilmente inteligible. Ya había pasado más de un siglo desde la aparición de L’après-midi d’un faune (1865), y eso resultaba, aunque sólo fuese a efectos comparativos, de veras sorprendente. 

El acceso a la poesía de Mallarmé no puede verificarse sin una previa identificación con sus más depurados engranajes expresivos y, sobre todo, sin haber asimilado primeramente de algún modo algunos de los nutrientes esenciales de su ideario estético. No es un aprendizaje cómodo. Hay muchos escollos, muchos extravíos. Pero, de pronto, surge el deslumbramiento. Es lo que ocurre con los grandes creadores universales de un sistema poético innovador, sobre todo si ese sistema poético consiste, como en el caso de Mallarmé, en la creación de un nuevo canon estético que muy bien podría entenderse como simbolista antes del simbolismo, o como el fundamento del simbolismo desde un previo descubrimiento de las “afinidades ocultas” entre el pensamiento y el lenguaje. Algo así me ocurrió -pongo por caso- con las Soledades de Góngora, con Animal de fondo de Juan Ramón Jiménez, con buena parte de la poesía de Vallejo o de Lezama, con los surrealistas franceses. Es como si me hubiese internado, en funciones de lector inocente, por una selva virgen, y no supiera cómo abrirme paso, llegando incluso a perderme entre oscuridades y pistas falsas. Y allí mismo, de repente, percibiera un resplandor, una señal, una clave: la certidumbre del hallazgo de una nueva dimensión poética, lo que también podía significar la salida del laberinto, algo que viene a ser como una eficaz consigna de vademécum para empezar a conocer al autor de Un coup de dés jamais n’abolira le hasard

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“El Trepa”, la primera novela electrónica que se publicita únicamente en smartphones

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Tarde o temprano tenía que suceder: novelitas en dispositivos móviles. El Trepa de Germán Álvarez es el primer e-book que se publicita en España solo en teléfonos móviles.

Aquí la nota de David González:

El escritor Germán Álvarez ya puede presumir de ser un pionero. Su novela El Trepa se ha convertido en el primer libro electrónico que se publicita “de forma exclusiva” en teléfonos móviles en España.

Así, la promoción de un libro da un salto hacia la denominada tercera pantalla –los smartphones-. Los lectores estaban acostumbrados a ver las portadas de las novelas en marquesinas, autobuses, periódicos o revistas, incluso en radio y televisión si se trataba de un escritor superventas.

Asimismo, tampoco era extraño ver cómo el tradicional bannerparpadeaba en nuestras pantallas de ordenador con la última novedad literaria. Ahora, el siguiente paso que se está dando es el teléfono móvil.

“La publicidad dará un vuelco hacia la movilidad. Las personas estamos más conectados al teléfono que a los ordenadores. Y los anunciantes –incluido el sector editorial –comenzarán a experimentar en este formato”, explica Pepe Cerezo, socio director de RocaSalvatella.

De esta manera, este experto asegura que la promoción móvil de El Trepa  no es más que la punta del iceberg de lo que veremos en los próximos años.

La novela de Germán Álvarez se promocionó en las apps de diferentes medios de comunicación online a través de smartphones durante tres semanas. Cuando navegaban en su móvil por un medio económico, un diario online o un blog, los potenciales lectores de El Trepa veían diferentes creatividades sobre la novela.

“No solo un banner sobre el libro, sino también un intersticial. Además, potenciamos la interacción con los usuarios, con juegos de preguntas respuestas sobre el argumento de la novela, gracias al formato html5”, afirma Javier Sánchez, CEO fundador de Mobi Targets, empresa responsable de la promoción móvil de El Trepa.

Así, el objetivo de esta campaña era derivar al potencial lector hacia Amazon, plataforma donde se vendía el e-book de Álvarez.

Aún es pronto para determinar si el sector editorial apostará firmemente por este tipo de lanzamientos publicitarios, como si lo está haciendo con la promoción de libros en redes sociales.

De hecho, los datos todavía son poco relevantes, aunque pueden servir de punto de partida. No en vano, del número total de usuarios que vieron el banner de El Trepa desde su teléfono móvil, tan solo el 15% hizo clic y apenas el 1,5% llegó hasta la ficha de la novela en  Amazon para luego convertirse –o no- en comprador del e-book.

Sin embargo, con esta experiencia pionera, la tercera pantalla se posiciona como la nueva marquesina publicitaria para los libros electrónicos.

“España es el segundo país en penetración de smartphones, después de Estados Unidos, y la audiencia está en el móvil”, añade Javier Sánchez.

Es una tendencia que ya confirmó el estudio Our Mobile Planet, de Google, que detalla que el 88% de los usuarios usa un móvil inteligente y, de ellos, el 86% realiza una compra a través de estos teléfonos.

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Las novelas y los diarios

Los diarios de algunos escritores resultan ser muchas veces mejor que las novelas que construyeron con sudor y lágrimas: es el caso de Pavese y cómo no de Pessoa, diarios deliciosos de principio a fin. El escritor Javier Cercas escribe sobre esto en su columna Palos de ciego para El País:

1 Es intrigante el destino paradójico de esos escritores que parecen querer invertir lo mejor de su talento en géneros en teoría mayores, como la novela, y en cambio dan lo mejor de sí mismos en géneros en teoría menores, como el diario, géneros que a menudo parecen practicar solo para distraerse o descansar de tareas en teoría más serias. Esto es lo que ocurre sin duda con escritores como Jules Renard o Cesare Pavese, cuyas novelas son ya casi ilegibles (sobre todo las del primero) y cuyos diarios siguen siendo, sin embargo, deslumbrantes; me atrevo a imaginar que dentro de poco ocurrirá algo parecido, si no ocurre ya, con escritores como Witold Gombrowicz o Imre Kertész, cuyas novelas todavía nos importan, pero cuyos diarios nos importan cada vez más. ¿Significa esto que los géneros en teoría menores son en realidad mayores, y a la inversa? No: significa solo que no hay géneros mayores o menores, sino formas mayores o menores de practicarlos.

2 Ignacio Vidal-Folch es un escritor a quien sigo sin falta desde que en 1995 publicó La libertad –quizá una de las mejores novelas españolas de los últimos tiempos–, pero Lo que cuenta es la ilusión se me antoja su mejor libro. Como en cualquier diario, en este hay un poco de todo: anécdotas, lecturas, reflexiones, viajes, epigramas, exabruptos; como en cualquier diario, en el de Vidal-Folch lo esencial consiste en la creación de una voz o un personaje inconfundible: en este caso, un caballero distinguido, irónico, desencantado y vagamente otoñal, sarcástico con los poderosos y compasivo con los humildes y los indefensos, del que queremos saberlo todo y a quien no nos cansamos de escuchar. No soy capaz de encontrar nada semejante en la literatura española, pero sí en la del español, porque a lo que más se parece este diario (o el personaje de este diario) es a los diarios (o al personaje de los diarios) de Bioy Casares, que a lo largo de su vida nos regaló novelas y relatos memorables y póstumamente un diario que quién sabe si con el tiempo no acabará convirtiéndose en su mejor libro: Borges, el testimonio de casi 60 años de amistad con su amigo y mentor. Por lo demás, el diario de Vidal-Folch es tan bueno que para disfrutarlo ni siquiera hace falta estar siempre de acuerdo con él: al fin y al cabo, como dice Proust –y este es un libro militantemente proustiano–, las mejores ideas no son las que provocan el asentimiento del lector, sino las que lo incitan a la discrepancia. Así, Vidal-Folch abomina del género de los aforismos por su ambigüedad, por su “naturaleza reversible como un calcetín”, porque fingen una verdad que no poseen, o que poseen y no poseen a la vez; ahora bien, más que un reproche, esto es una definición. Oscar Wilde observó, en un impecable aforismo, que la verdad es una cuestión de estilo; por supuesto, se refería a la verdad literaria, la única verdad a la que pueden aspirar los aforismos: una verdad bífida, ambigua y reversible, como la de tantas sentencias que formula o recoge Vidal-Folch en su libro. Ésta, por ejemplo, del propio Vidal-Folch: “Yo soy un impostor, pero los demás son unos cantamañanas’. Ésa es la más profunda convicción de todos los hombres cuando, recién duchados, se dirigen hacia sus puestos de trabajo”.

3 En Reality Hunger –un provocador manifiesto en favor de una nueva literatura, y también un sugestivo puñado de aforismos–, David Shields argumenta que el capitalismo presupone y fomenta la inseguridad, lo que es explotado por una literatura banal que ofrece seguridades al lector, mientras que la gran literatura –Shields pone precisamente como ejemplo un diario: el Libro del desasosiego, de Pessoa– nos hunde en las simas más profundas de la incertidumbre y la inseguridad. ¿Por qué entonces seguimos prefiriendo la gran literatura a la literatura banal? Porque la gran literatura, permitiéndonos viajar ficticiamente al final de la noche, sumiéndonos en una inseguridad y una incertidumbre vicarias, nos prepara para la incertidumbre y la inseguridad reales, y así nos vuelve más fuertes. Es la sensación que uno tiene al terminar libros como el de Pessoa, o como el de Vidal-­Folch. Quizá no sea verdad, pero lo que cuenta es la ilusión.