Blog dedicado a la literatura. Asociado a Una casa en la biblioteca y Escritores por escritores
Dirigido por René Llatas Trejo

El Fuguet más personal

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Alberto Fuguet. Foto: La Tercera

En Tránsitos. Una cartografía literaria (Ediciones Universidad Diego Portales), el escritor chileno Alberto Fuguet vuelve a a contagiarnos su pasión por el cine y la literatura concatenando hechos de su vida. “Si me obligan a elegir con una pistola, yo elijo el cine”, declara en uno de los capítulos, y añade; “Por suerte eso no ocurre y dudo que ocurra. Lo que sí creo que va a pasar es que la literatura va a encontrar su lugar junto con el cine y ambos se van a mezclar, posicionar y encontrar sus propios tiempos. Yo creo que voy a escribir libros distintos a los que escribía antes y creo que también voy a filmar distinto. Me interesa cada vez más lo híbrido. Los libros como de retazos, de crónicas, de apuntes, de memoria y de opinión sobre cosas que me interesan y me gustan.” El libro más fuguetiano de todos, según la nota de María Lujan Picabea:

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Alejandro Zambra cuentista

Alejandro Zambra

Mi única ambición es la de formular algunas experiencias con precisión, sin idealismos retroactivos, sin moralina. Cuando empecé a escribir, me negaba a las resonancias generacionales de mis textos. Me resistía sobre todo a nivel de discurso, porque siempre me molestó cuando los escritores decían “yo represento tal o cual cosa”, el “yo vengo a hablar por vuestra boca muerta” nerudiano”, dice Alejandro Zambra (Santiago, 1975). El autor de novelas Bonsái y Formas de volver a casa,  publica su primer libro de cuentos: Mis documentos, once relatos donde la vida privada de la clase media es el eje central. La nota de Roberto Careaga:

Pensaba que podía ser un documental: encendió la cámara y le preguntó a algunos amigos sobre sus bibliotecas. Hizo anotaciones sistemáticas y aparentemente sin importancia en su diario de vida, que no es lo mismo que el “diario sobre diarios” en el que trabaja. Dejó de fumar. Prácticamente tiene listo el guión de una película que él mismo quiere dirigir. Se le ocurrió una idea para serie de televisión, que llama Poeta chileno. Escribió poemas largos. Dio una conferencia sobre escribir a mano versus en el computador. Empezó una novela. Volvió a fumar. Entre todos esos proyectos entrecruzados y todavía ni cerca de llegar al final, Alejandro Zambra terminó uno: se llama Mis documentos y es su primer libro de cuentos.   

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Pablo Neruda murió de cáncer y no envenenado

Luego de los exámenes se concluyó que Pablo Neruda murió de cáncer y no asesinado por el gobierno dictatorial de Pinochet como eran las conjeturas. La nota de Rocío Montes:

El informe encargado por la Justicia chilena a un equipo de especialistas internacionales, reunidos desde el martes en Santiago de Chile, ha determinado que el poeta Pablo Neruda sufría de cáncer de próstata cuando murió en 1973 y que no se encontraron agentes químicos en su cuerpo que permitan concluir que el Premio Nobel fue envenenado.

La historia oficial indicaba que Neruda falleció por cáncer de próstata el 23 de septiembre de 1973, doce días después del golpe militar que derrocó a Salvador Allende. En 2011, sin embargo, el chófer del poeta, Manuel Araya, denunció que fue asesinado por la dictadura de Augusto Pinochet mientras estaba ingresado en la Clínica Santa María de Santiago. El Partido Comunista, donde militaba el escritor, presentó una querella para esclarecer las causas de su muerte y la Justicia chilena abrió una investigación. El cuerpo fue exhumado el pasado 8 de abril, en Isla Negra, una localidad costera a 100 kilómetros de la capital.

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Pedro Lemebel reúne sus mejores crónicas

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Pedro Lemebel

Pedro Lemebel: “La crónica actual padece de egocentrismo del periodismo que aspira a ser literatura. Luminarias de la crónica son Carlos Monsiváis, Edgardo Rodríguez Juliá y Elena Poniatowska. El resto es periodismo viajero y soplón. A esa tropa de cronista les falta biografía y calle. Yo no postulo a ningún cargo en la realeza de las letras, lo mío son apenas pespuntes iletrados, unas trazas de estiércol tornasol en la página que se lee como deseo insatisfecho.”

La antología Poco hombre (Ediciones UDP), volumen editado por el crítico español Ignacio Echevarría; reúne más de 70 crónicas salidas de los siete libros de Lemebel. Javier García lo entrevista en La Tercera:

¿Cómo ve su desarrollo como cronista?

He pasado por varios períodos, donde la crónica se ha ajustado a su formato de difusión: el diario, la radio, etc. En la radio tuve que hacerla más coloquial, menos barroca; en los diarios, despelucarla de adjetivos, en fin, hasta que llega al libro donde le realizo una última remasterizada.

¿Qué opina del actual boom de la crónica en el continente?

La crónica actual padece de egocentrismo del periodismo que aspira a ser literatura. Luminarias de la crónica son Carlos Monsiváis, Edgardo Rodríguez Juliá y Elena Poniatowska. El resto es periodismo viajero y soplón. A esa tropa de cronista les falta biografía y calle. Yo no postulo a ningún cargo en la realeza de las letras, lo mío son apenas pespuntes iletrados, unas trazas de estiércol tornasol en la página que se lee como deseo insatisfecho.

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Navegante ma non troppo

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Mario Vargas Llosa. Foto: Rodrigo Arangua

Del 20 al 23 de octubre de 2013 se viene realizando el VI Congreso Internacional de la Lengua Española en Ciudad de Panamá que tiene como el lema: El español en el libro: Del Atlántico al mar del Sur. El Nobel Mario Vargas Llosa y el escritor nicaragüense Sergio Ramírez abrieron el evento el domingo pasado. “Necesitamos defender y cuidar nuestra lengua, no cerrándola desde luego a las influencias extranjeras, sino abriendo las puertas y ventanas”, dijo Vargas Llosa. “La lengua española se hace más rica al caminar territorios, emigra, muta, se viste y desviste, se mezcla, gana lo que puede de otros idiomas (…). Nuestra lengua es vasta, cambiante y múltiple, sin fronteras, en lugar de recogerse sobre sí misma se expande cada día”, dijo Sergio Ramírez en su emotiva intervención. Más info de este importantísimo evento aquí.

En el marco de este congreso el escritor chileno Antonio Skármeta instó a “hacer competitivo” el mundo del libro y los autores en los canales de televisión abiertos. Recordemos que Skármeta tenía un programa sobre literatura: "El show de los libros". Durante una mesa redonda sobre "El libro entre la creación y la comunicación" lamentó la difusión que dan en general los medios de comunicación al libro, mientras los canales de televisión culturales están sumidos en audiencias insignificantes.

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Delphine de Vigan en el FILBA de Santiago de Chile

La escritora Delphine de Vigan (Boulogne-Billancourt, 1966) estará presente en el FILBA en Santiago de Chile. La autora de la celebrada Nada se opone a la noche se presentará en el Centro Cultural Gabriela Mistral de dicha ciudad por primera vez. Anagrama acaba de publicar Días sin hambre, primera novela de Vigan, publicada en el año 2001 con el pseudónimo de Lou Delvig por razones familiares, que cuenta la historia de una joven anoréxica de 19 años. La nota de Javier García:

“Mi madre estaba azul”, escribe Delphine de Vigan, tras encontrarla inmóvil en su casa una mañana de invierno. Llevaba varios días muerta. “Ignoro cuántos segundos, quizá minutos, necesité para comprenderlo”, anota la escritora francesa en el inicio de Nada se opone a la noche, donde relata el suicidio de su madre, Lucile, en 2008.

Así es como Delphine de Vigan comienza a narrar una novela testimonial y desgarradora sobre su vida y la de su familia burguesa.

Nada se opone a la noche fue ampliamente elogiada por la crítica, tras publicarse en 2011 en Francia, y un fenómeno editorial que vendió 500 mil ejemplares. Traducida por Anagrama, llega a Chile coincidiendo con la visita de su autora. De Vigan es una de las figuras centrales de Filba, la versión local del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires.

El domingo (19.30), en el GAM, De Vigan será entrevistada por el escritor Mauricio Electorat. “Es una de las escritoras más leídas en Francia”, dice. Y sobre Nada se opone a la noche: “Es uno de los relatos más descarnados que he leído sobre la relación madre-hija y, al mismo tiempo, sobre la locura, la locura materna y la locura familiar”, agrega.

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Pedro Lemebel obtiene el premio José Donoso 2013

Foto: Sepia Brindis

Pedro Lemebel (Santiago,1952) es escritor, cronista, artista plástico; es autor de los libros La esquina es mi corazón (1995), Loco afán (1996), De Perlas y cicatrices (1998), y Adiós Mariquita Linda (2004). El jurado manifestó lo siguiente: "(Lemebel) ha logrado proponer una representación heterogénea y compleja de la sociedad chilena, en la que inscribe las imágenes de género y clase social, con una importante proyección hacia el resto de la sociedad". Y qué dijo Pedro Lemebel apenas le dieron la noticia y el monto -50 mil dolares-: "Me voy a poner tetas". La nota de EFE añade:

Además de esa “original” obra escrita, el presidente del jurado, Javier Pinedo, subrayó que Lemebel se ha destacado por “sus acciones de arte, su manera de vestirse como mujer, sus provocaciones en actos literarios, su oposición al canon social”. Porque Lemebel ha sufrido tanto la marginalidad de la pobreza, “que es una marginalidad extrema, más allá de un país que hoy tiene éxitos económicos”, y también “una marginalidad sexual, que es una mezcla muy explosiva en sociedades tan primarias como ésta”. 

"Ser homosexual y pobre" ha llevado a Lemebel a proyectar una "obra muy crítica frente a lo que sucedió". "Y me parece que eso es también lo que este jurado está premiando", subrayó Pinedo, director del Instituto de Estudios Humanísticos de la Universidad de Talca. Paradójicamente, la homosexualidad marcó también la vida de José Donoso (1924-1996), quien según los expertos en su obra, su propia hija y lo que él mismo deslizó, sufrió una permanente angustia por esa condición, que nunca llegó a reconocer abiertamente. 

Para Rafael Gumucio, de la Universidad Diego Portales de Chile, el trabajo de Lemebel refleja “la lucha de clases y la identidad sexual, dos fallas en las que él ha resultado un sismógrafo” dentro de una “sociedad en ebullición” como la chilena. Gumucio y Carolina Sancholuz, de la Universidad Nacional de la Plata (Argentina) señalaron además que el jurado tuvo en cuenta que Lemebel es chileno y que este país se apresta a conmemorar el 40 aniversario del golpe de Estado, el 11 de septiembre. 

A juicio de Pinedo, estos 40 años “están ayudando al fin del miedo, que es muy difícil en sociedades que han sido profundamente disciplinadas”. 
"De alguna manera, alguno de los jurados podía pensar que los 40 años significaba reconocer lo que no ha sido reconocido en literatura. Pedro no tiene premios en Chile", resaltó. 

Lemebel sí ha sido en varias ocasiones finalista del Premio Altazor con su novela Tengo miedo, Torero (2002), con la recopilación de crónicas, Zanjón de la Aguada (2004) y con sus ensayos Adiós, mariquita linda (2006) y Háblame de amores (2013). 

La española María Ángeles Pérez, de la Universidad de Salamanca; y Juan Gelpí, de la Universidad de Puerto Rico, completaron el jurado de este premio, que se entregará durante la Feria Internacional del Libro de Santiago, entre fines de octubre y principios de noviembre. Los últimos ganadores de este premio fueron el español Javier Marías (2008), el mexicano Jorge Volpi (2009), la chilena Diamela Eltit (2010), el nicaragüense Sergio Ramírez (2011) y el mexicano Juan Villoro (2012). 

Óscar Hahn, poesía en movimiento perpetuo

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Alguna vez, si la ficción no me falla, la facultad organizó diversas actividades por su aniversario. A Víctor Ruiz y a Alessandra Tenorio los invitaron a leer sus poemas. A mí me animaron a hacerlo. «Pero yo no soy poeta, soy narrador», comenté. «Solo lee esto», dijo Víctor, mostrándome una breve antología del poeta Óscar Hahn. Copié tres poemas en un papel, que arranqué de mi cuaderno de espiral, y al rato los leí frente a todos. El cinismo que exhibí fue excepcional: ninguna risa, al contrario, toda la seriedad del caso. Recibí aplausos sorpresivos, y al bajar del escenario el profesor de Teoría Literaria me felicitó atónito, ignorando mis dotes poéticas.

Movimiento perpetuo (Lustra editores), de Óscar Hahn, no es ninguna novedad, por supuesto, pero debería serlo, más aún si se trata de la Obra Poética de uno de los poetas contemporáneos más vitales y fundamentales de la Poesía Latinoamericana –Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2011, Premio Altazor de Poesía 2012, Premio Nacional de Literatura 2012–. Así como el editor agradece a Ronald Portocarrero por el primer acercamiento a la poesía de Óscar Hahn (Iquique, 1938), de igual modo –públicamente– tengo que agradecerle a Víctor Ruiz Velazco por mi primer acercamiento a la poesía del vate chileno, también hace más de diez años, allá por el 2002 en un encuentro de escritores en la Universidad de Lima, que tuvo a Hahn entre sus principales invitados; y en especial por la edición de este libro que desde su publicación en el 2008 se ha convertido en un libro de cabecera, aquel que en cualquier momento coges y eliges una página al azar porque sabes que encontrarás lo que estás buscando: llenar un vacío.

Movimiento perpetuo comprende los siguiente libros: Esta rosa negra (1961), Arte de morir (1977), Mal de amor (1981), Estrellas fijas en un cielo blanco (1989), Versos robados (1995), Apariciones profanas (2002), En un abrir y cerrar de ojos (2006), Pena de vida (2008), Flor de enamorados (1987). En el Perú, como menciona el poeta Paul Guillén en uno de los prólogos, solo se publicaron de Hahn Agua final (La Rama Florida, 1967), Arte de morir (Ruray, 1981), La muerte es una buena maestra (El Santo Oficio, 2000), y Hotel de las nostalgias (Lustra editores, 2007). ¿Cómo calificar la poesía de Hahn? En una reciente entrevista Hahn menciona que descubrió la poesía a los 16 años: “Al principio escribí algunos cuentos, pero los encontré malos. Algunos amigos me han dicho que muchos de los artículos de Pequeña biblioteca nocturna –libro reciente publicado por el FCE que reúne su prosa– parecen cuentos y lo mismo con respecto de ciertos poemas. A lo mejor soy un cuentista malogrado que encontró otras vías para expresarse.” También en dicha entrevista Hahn hace mención a la influencia de la cultura popular en su obra: “Películas o programas de televisión que he visto, canciones que he escuchado, noticias de la prensa, telenovelas, todo eso ha ido a parar a mi arsenal interno. No es que deliberadamente busque incluirlos. Aparecen espontáneamente, porque terminan siendo parte de lo que soy, igual que mis lecturas, mis experiencias de vida o la llamada ‘alta cultura’.” Así pues, anota Víctor Ruiz en su presentación, Hahn es paciente y curador al mismo tiempo. Y nosotros acudimos a cada uno de sus exorcismos cada vez que leemos algunos de sus poemas. Con todo, adjetivar la poesía de Hahn sería trastocar su Poesía, y no lamento mi minusvalía crítica en este prequeño artículo –los textos de Víctor Ruiz, Paul Guillén y Carlos López Degregori son satisfactorios.

Como sé que quedan ejemplares en las librerías limeñas cuando este libro debería estar agotado, promocionando una reimpresión, cosa que en un nuestro mercado libresco es más que pedirle peras, plátanos, papayas, al pobre olmo, vaya y compre Movimiento perpetuo, estimado lector; exíjase un poco, acérquese a la Poesía, rompa un poco sus moldes de lectura. Sonará patético, pero no se sentirá defraudado. En seguida comparto un poema de Hahn que elegí esta tarde friolenta al azar y que me llevó a escribir, valga la redundancia, este pequeño artículo.

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Óscar Hahn: A lo mejor soy un cuentista malogrado

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Óscar Hahn reúne su prosa -textos y ensayos- en Pequeña biblioteca nocturna, editado por el Fondo Cultura Económica. “Al principio escribí algunos cuentos, pero los encontré malos. Algunos amigos me han dicho que muchos de los artículos de Pequeña biblioteca nocturna parecen cuentos y lo mismo con respecto de ciertos poemas”, dice el vate. La nota en La Tercera:

“¿El último hit de Lady Gaga, U2 o Justin Bieber?”, se pregunta Oscar Hahn a partir del registro de 10 millones de reproducciones en YouTube. Pero no. El poeta se refiere al Poema 20 de Pablo Neruda dispuesto para los oyentes en internet.

“¿La poesía un arte moribundo? Encienda su computador, amigo. Ahí está, vivita y chateando entre millones de megabytes”, anota el último Premio Nacional de Literatura (2012) en una columna incluida en el libro Pequeña biblioteca nocturna.

El nuevo ejemplar, editado por el Fondo de Cultura Económica, reúne más de 60 textos y ensayos, que Oscar Hahn ha publicado en los últimos cinco años, en diferentes medios de prensa y revistas en Chile y el extranjero. Una especie de autobiografía atravesada por la contingencia y el conocimiento literario del autor de títulos como En un abrir y cerrar de ojos y doctor en filosofía.

“Siempre he sido un buen lector de cuentos y de ensayos y un admirador de la prosa bien escrita”, dice Hahn, quien se instaló nuevamente en el país en 2008, luego de vivir más de 30 años en Estados Unidos, donde fue profesor en la Universidad de Iowa.

Autor de una docena de libros de poesía, su narrativa es breve, pero clave. Incluye la Antología del cuento fantástico hispanoamericano y los ensayos Magias de la escritura.

En Pequeña biblioteca nocturna, Hahn une lo culto y lo popular. En el escrito Poderoso caballero parte hablando de la serie televisiva El patrón del mal y luego analiza cómo la poesía se ha ocupado del dinero como tema “desde tiempos inmemoriales”, y nombra al Arcipreste de Hita hasta Octavio Paz.

Y en varios textos, Hahn narra un episodio terrible en su vida ocurrido hace 40 años: “Una patrulla de soldados llegó a mi casa en Arica, me sacó a punta de metralleta, me sometió a toda clase de golpes y vejaciones y me encerró en la cárcel de esa ciudad”, anota en La sombra de Borges.

Además, Hahn relata en su nuevo libro memorables encuentros y anécdotas con poetas y narradores como Pablo Neruda, Nicanor Parra, Enrique Lihn, Jorge Teillier, José Donoso, Raymond Carver, Joseph Brodsky y Borges.

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Visita a Isla Negra

Neruda en su casa de Isla Negra

El escritor Alonso Cueto cuenta su visita a la casa de Pablo Neruda de Isla Negra, en Valparaíso, que ahora funciona como museo, una muestra del mundo del poeta. Dice el autor de La hora azul

Los escritores buscan que el mundo se parezca a sus obras. En cierto modo escribir expresa el deseo de que las palabras se materialicen en hechos y en objetos. La casa de Pablo Neruda que queda en la Isla Negra, en las costas de Chile, me lo recuerda. El mismo nombre del lugar es una invención poética. Neruda le puso el nombre de “isla negra” a su casa frente a un mar encrespado, que se estrella y se diluye frente a unas rocas altas y  venerables. El nombre se impuso y hoy el pueblo se llama oficialmente así en todos sus locales públicos y documentos. No estamos en una isla y no hay nada de negro en el cielo, el mar o la tierra que nos rodea pero el nombre parece adecuado y justo.

Gracias al escritor chileno Carlos Franz y junto con el colombiano Juan Gabriel Vásquez, hemos llegado a la “Isla Negra”. Lorena Reyes, de la Fundación Pablo Neruda, nos conduce por la sala, el comedor, el altillo, el primer dormitorio. Los mascarones de proa, imágenes de mujeres que han dirigido barcos de todos los mares, navegan inmóviles hacia el centro de la sala. La jarra de cristal checo del comedor, la foto de Baudelaire y de otros escritores, el caballo condecorado de varias colas, y la maravillosa sala de conchas marinas, obras de arte de la naturaleza, ofrecen aspectos variados de un universo barroco, lujoso, desbordado. Junto al dormitorio hay una larga foto horizontal de Machu Picchu. Fue allí donde escribió su famoso poema, con los andenes del monumento peruano llevándolo al cielo.  

Desde el bar, en cuyo techo Neruda fue colocando los nombres de sus amigos muertos (Elsa Triolet, Nazim Hikmet, entre otros), puede verse una cruz y una campana. Aquí se reunía con sus invitados. Nos piden escribir algo en el libro de visitas y los tres cumplimos improvisando. Juan Gabriel Vásquez escribe un soneto, yo una décima y Carlos Franz un antipoema, que recitamos en voz alta. Carolina Rivas, escritora chilena y directora del Museo, nos lleva a las últimas salas. Desde la última visita notamos las mejoras en los jardines y la exposición de malacología. Le digo que la casa me parece en sí misma una obra notable, por su apertura a las vistas del mar, y me revela que Neruda era arquitecto y que fue él mismo quien la diseñó. Afuera, junto al restaurante, almorzamos un caldillo de congrio junto a la oda sobre el mismo, escrita en la pared.

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La quema de libros

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Foto: Gustavo Farias. Quema de libros en Córdoba, marzo 1976

No solo los nazis promovieron masivamente la quema de libros; en nuestra región gobiernos dictatoriales como en Argentina y Chile, y algunas organizaciones religiosas, como en Colombia, también la llevaron a cabo. Cuando Vargas Llosa publicó La ciudad y los perros, también algunos militares pretendieron hacerlo, si es que no lo hicieron. El blog Armónicos de conciencia reproduce un artículo de Renán Vega Cantor sobre este tema:

Quemar libros en forma premeditada indica el grado de barbarie a que puede llegar una sociedad, como se evidenció en diferentes momentos del siglo XX, algunos de los cuales son evocados en este artículo. Es importante rememorar los pormenores de este crimen cultural ahora que se han cumplido 80 años de la masiva combustión de obras escritas en la Alemania nazi y 35 años de la quema de libros en Bucaramanga por parte de un furibundo inquisidor católico que ahora ocupa una alta posición en el Estado colombiano.

Alemania: bibliocausto nazi

El 30 de enero de 1933 Adolf Hitler fue proclamado como Canciller de Alemania y pronto se vieron las consecuencias “culturales” de esta designación. El 4 de febrero se dictó una ley para la Protección del Pueblo Alemán que restringió la libertad de prensa y precisó las normas que permitirían requisar el material impreso que fuera considerado como peligroso. El 5 de febrero fueron atacadas las sedes del partido comunista en varias ciudades de Alemania y se destruyeron sus bibliotecas. El 27 de ese mismo mes fue incendiado el Parlamento, El Reichstag y se quemaron todos sus archivos.

[…]

El verdadero bibliocausto empezó el 5 de mayo, cuando en la ciudad de Colonia los estudiantes de la Universidad ocuparon la biblioteca y seleccionaron los libros de autores judíos y comunistas y luego los incendiaron. Esto anticipaba lo que vendría inmediatamente después, puesto que el día 10 de mayo se programó una multitudinaria reunión con el objetivo de efectuar una quema pública de libros. En la ciudad de Berlín, los estudiantes de la Universidad Wilhelm Von Humboldt recogieron unos 25 mil libros prohibidos y les prendieron fuego en la Plaza de la Opera, gritando consignas “contra la clase materialista y utilitaria” y “por una comunidad de Pueblo y una forma ideal de vida”. Joseph Goebbels en persona presidía el macabro evento y para darle relieve al acontecimiento pronunció un discurso en el que anunciaba los motivos de la “heroica acción” contra los libros. Sin rodeos sostuvo que “la época extremista del intelectualismo judío ha llegado a su fin y la revolución de Alemania ha abierto las puertas nuevamente para un modo de vida que permita llegar a la verdadera esencia del ser alemán”. Señaló que “durante los pasados catorce años Uds., estudiantes, sufrieron en silencio vergonzoso la humillación de la República de Noviembre, y sus bibliotecas fueron inundadas con la basura y la corrupción del asfalto literario de los judíos”. Según él, esa situación se tornó intolerante y por eso “la juventud alemana ha reestablecido ahora nuevas condiciones en nuestro sistema legal y ha devuelto la normalidad a nuestra vida […] Uds. están haciendo lo correcto cuando Uds., a esta hora de medianoche, entregan a las llamas el espíritu diabólico del pasado […] El anterior pasado perece en las llamas; los nuevos tiempos renacen de esas llamas que se queman en nuestros corazones […]”

Se quería borrar el pasado y la memoria, para construir sobre sus ruinas el Tercer Reich, que se pretendía iba a durar mil años. Por ello, en la hoguera se encontraban las obras de grandes pensadores que habían enaltecido al arte, la ciencia, la política y el conocimiento. Allí ardieron libros de Carlos Marx, de Sigmund Freud, Heinrich Mann, Emil Ludwig, Eric Marie Remarque, Heinrich Heine, Bertolt Brecht, Stefan Zweig, Emilio Zola, H.G. Wells, de un total obras que correspondían a unos 5.500 autores de Alemania y otros países del mundo. Al unísono, en otras 22 ciudades de Alemania se quemaban libros y durante ese trágico mes de mayo millones de libros fueron devorados por el fuego, en medio de la celebración histérica de una juventud enceguecida por el odio sectario contra toda obra escrita que fuera considerada como judía, comunista o antialemana.

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Francisco Díaz Klaassen: Tengo la sensación de que nadie me ha leído

Francisco Díaz Klaassen (Chile, 1984) fue uno de los 25 tesoros literarios a la espera de ser descubiertos de Latinoamérica, por la Feria del Libro de Guadalajara, en el 2011. Un año antes ganó el premio Roberto Bolaño con su novela El hombre sin acción fija; maneja el blog Tough Guys Don’t Dance; y ahora publica un libro de cuentos Cuando éramos jóvenes.  La nota de La Tercera:

Marcelo Salas tiene una “admiración infinita por la observación intelectual de George Perec”. El futbolista es, secretamente, un escritor frustrado, fanático de la novela 1984 que escucha a Mark Lanegan y Bill Callahan. Por supuesto, es una fantasía. Es un cuento de Francisco Díaz Klaassen (28), se llama Cuando conocí a Salas (y me rompió el corazón) y seguramente es el que más rápido se queda en la retina de su nuevo libro, Cuando éramos jóvenes.

Libro de cuentos sobre encuentros fortuitos, recuerdos abruptos y nostalgias inesperadas, es el tercer libro de Díaz Klaassen. Antes publicó Antología del cuento nuevo chileno (2009) y El hombre sin acción (2011). Según él, dos fantasmas: “Tengo la sensación de que nadie me ha leído”, dice en una pasada por Chile: después de estudiar Literatura Creativa en Nueva York, tomará un doctorado en la Universidad de Cornell, también en EE.UU.

En cualquier caso, algún ruido metieron esos primeros libros. En 2011, fue escogido como un de los “25 tesoros literarios a la espera de ser descubiertos” de Latinoamérica, por la Feria del Libro de Guadalajara. Con él estuvieron también los chilenos Nona Fernández y Diego Muñoz Valenzuela. Esa vez, Díaz Klaassen recibió tarjetas, varias promesas y palmetazos en la espalda. Jorge Herralde, el editor de Anagrama, pidió su correo electrónico.

“Todas esas listas son súper caprichosas”, dice restándole importancia y ante evanescencia del entusiasmo inicial. Más lector de José Donoso que de Roberto Bolaño, en 2012 publicó con el sello neoyorquino Sudaquia Cuando éramos jóvenes y ahora Ebooks Patagonia lo lanza en Chile.

Además del cuento en torno a Marcelo Salas, pocos más tienen un filo pop. Hay relatos sobre los “hombres colgantes de Praga”, sobre un jugador de Damas y sobre mujeres perdidas; también sobre lecturas y escritores jóvenes. En esa línea está Cuando odiábamos tanto a Zeta, un relato sobre un grupo de autores veinteañeros en el Chile de hoy, abrumados por la existencia de un autor que encandila a todas las mujeres: “Teníamos que escapar de Chile”, deciden.

“Ese cuento sobre todo hace referencia a un supuesto fenómeno de escritores jóvenes, que tiene mucho de ruido y al final detrás del ruido va quedando cada vez menos”, dice Díaz Klaassen, aludiendo a una camada de autores menores de 30 en la que también están Juan Pablo Roncone, Simón Soto, Antonio Díaz Oliva, Diego Zúñiga, Pablo Toro, Daniel Hidalgo Maori Pérez, Felipe Becerra, y otros. Para él, fueron una tormenta que no se desató: “Algo había. Me parece que cada vez menos. Creo que había cierta tensión que parecía iba a dar en algo. Una inquietud o cierta curiosidad. Pero de un momento a otro se prostituyó y empezaron a aparecer 40 escritores jóvenes, se generó cierta moda y desapareció la tensión”, sostiene. 

Cuando Bolaño se transformó en Bolaño

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En el suplemento Radar de Página 12 han dedicado un imperdible especial a Roberto Bolaño: Cuando Bolaño se transformó en Bolaño, donde varios escritores lo recuerdan a diez años de su muerteAlan Pauls, Alberto Fuguet, Efraim Medina Reyes, Alvaro Enrigue, Diego Zúñiga, Edmundo Paz Soldán, Andrea Cobas Carral, Álvaro Bisama, Diego Trelles Paz y Wendy Guerra. Aquí comparto el texto de Alberto Fuguet:

El haber leído a Bolaño antes de que Bolaño se transformara en Bolaño es algo de lo cual me alegro. El haberlo leído antes de que su figura pasara de ser un secreto a ser algo así como el primer punk mediático, el detective salvaje que anda detrás de la caza, el poeta que no tiene Nobel o colección de casas y cree que los versos de odio son tan válidos como los de amor (“No sé cuánta capacidad tengo de querer, pero, evidentemente, es muchísimo mayor que mi capacidad de odiar. En rigor, creo que no estoy hecho o preparado para el odio sostenido, que es el verdadero odio.”). Antes de morir, a la edad de cincuenta años, consiguió algo no tan fácil para un autor vivo: ser objeto de adoración entre los escritores cachorros (“A los 20 años se quiere a los escritores. A los 46, como tengo ahora yo, a lo más que llegas es a admirarlos, pero no a quererlos. Yo lo que siento ahora es cariño por jóvenes escritores.”). Bolaño se alzó como un escritor que parecía imitable (pero no lo era) y que sin duda contaminó mucha prosa fresca, ingenua, de quienes pensaron que –de verdad– leyendo devotamente a Bolaño podían mejorar sus emprendimientos. Mi lazo real –literario, de lector que se impresiona– con Bolaño ocurrió antes, creo, de que estallara el mito. Así, al menos, lo creo. Luego, por cierto, lo seguí leyendo, estuve atento y, por qué no confesarlo, a la defensiva.

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Alejandro Zambra: La literatura está en contra de la simplificación del presente, del pasado o del futuro

Foto: Daniel Mordzinski

La primera seria dedicada a los nuevos escritores latinoamericanos que lanza el diario El País está dedicada al escritor chileno Alejandro Zambra. Ciertamente un buenísimo escritor con novelas breves como Bonsai y Formas de volver a casa, que le han valido un reconocimiento importante, siendo seleccionado por la revista Granta entre los mejores escritores jóvenes en español. Patricio Fernández le hace un extenso reportaje. Aquí un extracto y algunas partes de la entrevista:

Alejandro Zambra nació en Chile el año 1975. La dictadura de Pinochet vivía su periodo más negro. La antigua dirigencia de la Unidad Popular estaba toda en el exilio, o muerta. El país se hallaba enteramente controlado por los militares. Santiago era una ciudad tomada. Ya no había resistencia, pero continuaba la persecución. El organismo encargado de realizar el aseo ideológico se llamaba DINA —Dirección de Inteligencia Nacional—, y había entrado formalmente en funcionamiento durante 1974, gracias a un decreto ley que la oficializaba. En 1975 Pinochet viajó a Madrid, al entierro de Franco. En otro ámbito, Chile vivía una revolución neoliberal. Los economistas de Chicago, discípulos de Milton Friedman, experimentaban acá las teorías de su maestro. Servimos de laboratorio. La pobreza campeaba. Para cubrir la desocupación inventaron el PEM (Programa de Empleo Mínimo), y no era raro toparse por ahí con piquetes de obreros moviendo piedras de un lugar a otro. Zambra creció en Maipú, una comuna capitalina de clase media, donde miles de personas llegaron a vivir, en villas de casas pareadas y pequeñas, a fines de los setenta. Muchos de sus habitantes con gusto se autodefinirían como “gente de esfuerzo”.

La generación de la que Zambra es el escritor que más lejos ha llegado —lo han traducido a varios idiomas y publicado en EE UU, con muy buena crítica— entraba a la adolescencia cuando retornó la democracia en 1989. “La adolescencia fue verdadera, pero la democracia no tanto. Tratábamos de entender lo que ocurría: igual era una dictadura, igual estaba Pinochet en el poder. Era un Chile del triunfo, de la democracia inmediata, de líderes con mucho miedo, que estaban obligados a mostrar esta cara sonriente de continuidad del sistema económico, y yo lo vivía muy desde el margen porque estudiaba en la Facultad de Filosofía, que era un pulmón de resistencia, pero una resistencia que nadie pescaba. Todos parecían unidos en defender que éramos los jaguares de América Latina y esas cosas que se decían entonces. Ahí la literatura también tenía una vocación de marginalidad, porque éramos personas que habían optado por el fracaso. Yo venía de un colegio totalmente triunfalista (Instituto Nacional, la más prestigiosa escuela pública), pero optar por la literatura era optar por la derrota. No te prometía ningún trabajo, salvo, en el mejor de los casos, hacer clase en la Universidad. Se vivía muy tristemente. Muchos éramos jóvenes conflictuados. Escuchábamos a Radiohead todo el día. Los noventa es una época en la que me interesa indagar”.

[…]

—¿Te han sorprendido, al convertirte en un escritor leído más masivamente, lecturas inesperadas de tus propios textos?

—Sí, claro. De ser un niño muy teórico e inteligentoso, la literatura pasó a servirme para explicarme cosas de las que no estaba seguro. En Formas de volver a casa yo sabía lo que estaba narrando, pero pretendía también disolver otras certezas, conseguir una cierta ambigüedad. Que el libro fuera muchas cosas a la vez. Y por supuesto que algunas cosas no sabía que estaban ahí. Eso es lo que tiene la literatura de intransferible: existen fragmentos no calculados. Creo que intenté otra manera de hablar de la dictadura chilena, que a ratos desconcierta. Hay escritores chilenos profesionales que recorren Europa…

—Comercializando el dolor.

—Claro, y bueno, sabemos quiénes son. A veces cuesta explicar en el extranjero que acá existía una vida cotidiana mientras sucedían hechos horrendos. Un periodista francés, a propósito de Formas de volver a casa, me preguntó cómo era posible que un niño anduviera por las calles en ese tiempo, sin saber que los niños de entonces andábamos por las calles harto más que los de ahora.

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Retrato de María, la próxima novela de Jorge Edwars

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Jorge Edwars ya tiene casi lista su nueva novela: Retrato de María. “Ya tengo escrita la novela y vengo a terminar de corregirla”, dijo hace poco el escritor chileno en Santander, España, donde brindó una conferencia sobre los poetas Vicente Huidobro y Gerardo Diego en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Esta nueva novela, justamente, retrata la vida de María Edwards Mac-Clure (1893-1972), tía del autor de La muerte de Montaigne, quien salvó a varios niños del holocausto nazi desde su trabajo como voluntaria en el Hospital Rothschild de París. La nota de La Tercera dice:

Murió ahorcado en 1945, en un campo de concentración en Baviera, Alemania. El almirante Wilhelm Canaris, jefe de la Marina Imperial y hombre clave en la inteligencia del nazismo, había traicionado a Adolf Hitler. La última vez que conspiró contra el Führer fue en la fallida Operación Valkiria. Hombre de mil historias, Canaris tuvo un fugaz paso por Chile a fines de la Primera Guerra Mundial y una de las amistades que entabló acá lo llevó a mover toda su influencia en el París ocupado de los 40: rescató de las garras de la Gestapo a una mujer chilena que salvó a decenas de niños judíos del Holocausto.

Esa mujer era María Edwards Mac-Clure (1893-1972), que desde su trabajo como voluntaria en el Hospital Rothschild de París, fue una activa miembro de la resistencia. En 1953 fue condecorada con la Legión de Honor de Francia. Su historia no es un secreto en la familia, pero nunca ha sido contada como promete hacerlo su sobrino: Jorge Edwards anunció ayer que la relatará en una novela de suspenso.

El libro se llama Retrato de María y según el autor de Persona non grata, en este momento le está dando los toques finales: “Ya tengo escrita la novela y vengo a terminar de corregirla”, dijo ayer Edwards en Santander, España, donde llegó también para dar una conferencia sobre los poetas Vicente Huidobro y Gerardo Diego en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

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