Roberto Bolaño gana mundial literario

A la par con el Mundial de Fútbol de Brasil 2014, la Universidad de Rochester, en Estados Unidos, organizó un divertido programa de lecturas con autores de los 32 países que participaban en dicha contienda.

Entre algunas obras latinoamericanas estaban El Teatro Circular, del costarricense Óscar Núñez Oliva, Un episodio en la vida del pintor viajero, del argentino César Aria, Memoria de mis putas tristes, de Gabriel García Márquez, y Nocturno de Chile, de Roberto Bolaño. Pues este último venció en la final a Los ingrávidos, de la escritora mexicana Valeria Luiselli, sumando un total de 17 a 9.

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Leer está en tus manos, FIL Lima 2014

Este viernes 18 de Julio se inicia la edición XIX de la Feria Internacional del Libro de Lima, que esta vez tiene como invitado de honor a Chile, en especial a la región de Antofagasta. Se tiene programado más de 500 actividades culturares, y entre los escritores internacionales que estarán presentes figuran: Antonio Skármeta, Jorge Franco, Elmer Mendoza, Jorge Volpi, Hernán Rivera Letelier, Pablo Simonetti, Susan Orlean, Javier Cercas, entre otros. 

Aunque esta vez no estaré posteando regularmente como el año pasado, trataré de hacerlo con el mismo entusiasmo. Por el momento pueden descargar el catálogo oficial dando clic aquí.

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Zambra: El silencio sigue siendo una tentación ante tanta palabrería

Télam entrevista al escritor chileno Alejandro Zambra a propósito de su más reciente libro de cuentos Mis documentos (Anagrama). Zambra se siente un escritor cada vez menos canónico. “A cada rato descubro autores perdidos… Hace diez años no había leído a Emmanuel Bove, a Anna Blandiana, a Jeannette Winterson, a Mario Levrero, a Luis Hernández, a Julio Ramón Ribeyro, qué sé yo, ni siquiera había leído bien a Clarice Lispector o a Elias Canneti, que eran autores más visibles”. Aquí la nota completa:

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El Fuguet más personal

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Alberto Fuguet. Foto: La Tercera

En Tránsitos. Una cartografía literaria (Ediciones Universidad Diego Portales), el escritor chileno Alberto Fuguet vuelve a a contagiarnos su pasión por el cine y la literatura concatenando hechos de su vida. “Si me obligan a elegir con una pistola, yo elijo el cine”, declara en uno de los capítulos, y añade; “Por suerte eso no ocurre y dudo que ocurra. Lo que sí creo que va a pasar es que la literatura va a encontrar su lugar junto con el cine y ambos se van a mezclar, posicionar y encontrar sus propios tiempos. Yo creo que voy a escribir libros distintos a los que escribía antes y creo que también voy a filmar distinto. Me interesa cada vez más lo híbrido. Los libros como de retazos, de crónicas, de apuntes, de memoria y de opinión sobre cosas que me interesan y me gustan.” El libro más fuguetiano de todos, según la nota de María Lujan Picabea:

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Alejandro Zambra cuentista

Alejandro Zambra

Mi única ambición es la de formular algunas experiencias con precisión, sin idealismos retroactivos, sin moralina. Cuando empecé a escribir, me negaba a las resonancias generacionales de mis textos. Me resistía sobre todo a nivel de discurso, porque siempre me molestó cuando los escritores decían “yo represento tal o cual cosa”, el “yo vengo a hablar por vuestra boca muerta” nerudiano”, dice Alejandro Zambra (Santiago, 1975). El autor de novelas Bonsái y Formas de volver a casa,  publica su primer libro de cuentos: Mis documentos, once relatos donde la vida privada de la clase media es el eje central. La nota de Roberto Careaga:

Pensaba que podía ser un documental: encendió la cámara y le preguntó a algunos amigos sobre sus bibliotecas. Hizo anotaciones sistemáticas y aparentemente sin importancia en su diario de vida, que no es lo mismo que el “diario sobre diarios” en el que trabaja. Dejó de fumar. Prácticamente tiene listo el guión de una película que él mismo quiere dirigir. Se le ocurrió una idea para serie de televisión, que llama Poeta chileno. Escribió poemas largos. Dio una conferencia sobre escribir a mano versus en el computador. Empezó una novela. Volvió a fumar. Entre todos esos proyectos entrecruzados y todavía ni cerca de llegar al final, Alejandro Zambra terminó uno: se llama Mis documentos y es su primer libro de cuentos.   

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Pablo Neruda murió de cáncer y no envenenado

Luego de los exámenes se concluyó que Pablo Neruda murió de cáncer y no asesinado por el gobierno dictatorial de Pinochet como eran las conjeturas. La nota de Rocío Montes:

El informe encargado por la Justicia chilena a un equipo de especialistas internacionales, reunidos desde el martes en Santiago de Chile, ha determinado que el poeta Pablo Neruda sufría de cáncer de próstata cuando murió en 1973 y que no se encontraron agentes químicos en su cuerpo que permitan concluir que el Premio Nobel fue envenenado.

La historia oficial indicaba que Neruda falleció por cáncer de próstata el 23 de septiembre de 1973, doce días después del golpe militar que derrocó a Salvador Allende. En 2011, sin embargo, el chófer del poeta, Manuel Araya, denunció que fue asesinado por la dictadura de Augusto Pinochet mientras estaba ingresado en la Clínica Santa María de Santiago. El Partido Comunista, donde militaba el escritor, presentó una querella para esclarecer las causas de su muerte y la Justicia chilena abrió una investigación. El cuerpo fue exhumado el pasado 8 de abril, en Isla Negra, una localidad costera a 100 kilómetros de la capital.

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Pedro Lemebel reúne sus mejores crónicas

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Pedro Lemebel

Pedro Lemebel: “La crónica actual padece de egocentrismo del periodismo que aspira a ser literatura. Luminarias de la crónica son Carlos Monsiváis, Edgardo Rodríguez Juliá y Elena Poniatowska. El resto es periodismo viajero y soplón. A esa tropa de cronista les falta biografía y calle. Yo no postulo a ningún cargo en la realeza de las letras, lo mío son apenas pespuntes iletrados, unas trazas de estiércol tornasol en la página que se lee como deseo insatisfecho.”

La antología Poco hombre (Ediciones UDP), volumen editado por el crítico español Ignacio Echevarría; reúne más de 70 crónicas salidas de los siete libros de Lemebel. Javier García lo entrevista en La Tercera:

¿Cómo ve su desarrollo como cronista?

He pasado por varios períodos, donde la crónica se ha ajustado a su formato de difusión: el diario, la radio, etc. En la radio tuve que hacerla más coloquial, menos barroca; en los diarios, despelucarla de adjetivos, en fin, hasta que llega al libro donde le realizo una última remasterizada.

¿Qué opina del actual boom de la crónica en el continente?

La crónica actual padece de egocentrismo del periodismo que aspira a ser literatura. Luminarias de la crónica son Carlos Monsiváis, Edgardo Rodríguez Juliá y Elena Poniatowska. El resto es periodismo viajero y soplón. A esa tropa de cronista les falta biografía y calle. Yo no postulo a ningún cargo en la realeza de las letras, lo mío son apenas pespuntes iletrados, unas trazas de estiércol tornasol en la página que se lee como deseo insatisfecho.

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Navegante ma non troppo

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Mario Vargas Llosa. Foto: Rodrigo Arangua

Del 20 al 23 de octubre de 2013 se viene realizando el VI Congreso Internacional de la Lengua Española en Ciudad de Panamá que tiene como el lema: El español en el libro: Del Atlántico al mar del Sur. El Nobel Mario Vargas Llosa y el escritor nicaragüense Sergio Ramírez abrieron el evento el domingo pasado. “Necesitamos defender y cuidar nuestra lengua, no cerrándola desde luego a las influencias extranjeras, sino abriendo las puertas y ventanas”, dijo Vargas Llosa. “La lengua española se hace más rica al caminar territorios, emigra, muta, se viste y desviste, se mezcla, gana lo que puede de otros idiomas (…). Nuestra lengua es vasta, cambiante y múltiple, sin fronteras, en lugar de recogerse sobre sí misma se expande cada día”, dijo Sergio Ramírez en su emotiva intervención. Más info de este importantísimo evento aquí.

En el marco de este congreso el escritor chileno Antonio Skármeta instó a “hacer competitivo” el mundo del libro y los autores en los canales de televisión abiertos. Recordemos que Skármeta tenía un programa sobre literatura: "El show de los libros". Durante una mesa redonda sobre "El libro entre la creación y la comunicación" lamentó la difusión que dan en general los medios de comunicación al libro, mientras los canales de televisión culturales están sumidos en audiencias insignificantes.

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Delphine de Vigan en el FILBA de Santiago de Chile

La escritora Delphine de Vigan (Boulogne-Billancourt, 1966) estará presente en el FILBA en Santiago de Chile. La autora de la celebrada Nada se opone a la noche se presentará en el Centro Cultural Gabriela Mistral de dicha ciudad por primera vez. Anagrama acaba de publicar Días sin hambre, primera novela de Vigan, publicada en el año 2001 con el pseudónimo de Lou Delvig por razones familiares, que cuenta la historia de una joven anoréxica de 19 años. La nota de Javier García:

“Mi madre estaba azul”, escribe Delphine de Vigan, tras encontrarla inmóvil en su casa una mañana de invierno. Llevaba varios días muerta. “Ignoro cuántos segundos, quizá minutos, necesité para comprenderlo”, anota la escritora francesa en el inicio de Nada se opone a la noche, donde relata el suicidio de su madre, Lucile, en 2008.

Así es como Delphine de Vigan comienza a narrar una novela testimonial y desgarradora sobre su vida y la de su familia burguesa.

Nada se opone a la noche fue ampliamente elogiada por la crítica, tras publicarse en 2011 en Francia, y un fenómeno editorial que vendió 500 mil ejemplares. Traducida por Anagrama, llega a Chile coincidiendo con la visita de su autora. De Vigan es una de las figuras centrales de Filba, la versión local del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires.

El domingo (19.30), en el GAM, De Vigan será entrevistada por el escritor Mauricio Electorat. “Es una de las escritoras más leídas en Francia”, dice. Y sobre Nada se opone a la noche: “Es uno de los relatos más descarnados que he leído sobre la relación madre-hija y, al mismo tiempo, sobre la locura, la locura materna y la locura familiar”, agrega.

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Pedro Lemebel obtiene el premio José Donoso 2013

Foto: Sepia Brindis

Pedro Lemebel (Santiago,1952) es escritor, cronista, artista plástico; es autor de los libros La esquina es mi corazón (1995), Loco afán (1996), De Perlas y cicatrices (1998), y Adiós Mariquita Linda (2004). El jurado manifestó lo siguiente: "(Lemebel) ha logrado proponer una representación heterogénea y compleja de la sociedad chilena, en la que inscribe las imágenes de género y clase social, con una importante proyección hacia el resto de la sociedad". Y qué dijo Pedro Lemebel apenas le dieron la noticia y el monto -50 mil dolares-: "Me voy a poner tetas". La nota de EFE añade:

Además de esa “original” obra escrita, el presidente del jurado, Javier Pinedo, subrayó que Lemebel se ha destacado por “sus acciones de arte, su manera de vestirse como mujer, sus provocaciones en actos literarios, su oposición al canon social”. Porque Lemebel ha sufrido tanto la marginalidad de la pobreza, “que es una marginalidad extrema, más allá de un país que hoy tiene éxitos económicos”, y también “una marginalidad sexual, que es una mezcla muy explosiva en sociedades tan primarias como ésta”. 

"Ser homosexual y pobre" ha llevado a Lemebel a proyectar una "obra muy crítica frente a lo que sucedió". "Y me parece que eso es también lo que este jurado está premiando", subrayó Pinedo, director del Instituto de Estudios Humanísticos de la Universidad de Talca. Paradójicamente, la homosexualidad marcó también la vida de José Donoso (1924-1996), quien según los expertos en su obra, su propia hija y lo que él mismo deslizó, sufrió una permanente angustia por esa condición, que nunca llegó a reconocer abiertamente. 

Para Rafael Gumucio, de la Universidad Diego Portales de Chile, el trabajo de Lemebel refleja “la lucha de clases y la identidad sexual, dos fallas en las que él ha resultado un sismógrafo” dentro de una “sociedad en ebullición” como la chilena. Gumucio y Carolina Sancholuz, de la Universidad Nacional de la Plata (Argentina) señalaron además que el jurado tuvo en cuenta que Lemebel es chileno y que este país se apresta a conmemorar el 40 aniversario del golpe de Estado, el 11 de septiembre. 

A juicio de Pinedo, estos 40 años “están ayudando al fin del miedo, que es muy difícil en sociedades que han sido profundamente disciplinadas”. 
"De alguna manera, alguno de los jurados podía pensar que los 40 años significaba reconocer lo que no ha sido reconocido en literatura. Pedro no tiene premios en Chile", resaltó. 

Lemebel sí ha sido en varias ocasiones finalista del Premio Altazor con su novela Tengo miedo, Torero (2002), con la recopilación de crónicas, Zanjón de la Aguada (2004) y con sus ensayos Adiós, mariquita linda (2006) y Háblame de amores (2013). 

La española María Ángeles Pérez, de la Universidad de Salamanca; y Juan Gelpí, de la Universidad de Puerto Rico, completaron el jurado de este premio, que se entregará durante la Feria Internacional del Libro de Santiago, entre fines de octubre y principios de noviembre. Los últimos ganadores de este premio fueron el español Javier Marías (2008), el mexicano Jorge Volpi (2009), la chilena Diamela Eltit (2010), el nicaragüense Sergio Ramírez (2011) y el mexicano Juan Villoro (2012). 

Óscar Hahn, poesía en movimiento perpetuo

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Alguna vez, si la ficción no me falla, la facultad organizó diversas actividades por su aniversario. A Víctor Ruiz y a Alessandra Tenorio los invitaron a leer sus poemas. A mí me animaron a hacerlo. «Pero yo no soy poeta, soy narrador», comenté. «Solo lee esto», dijo Víctor, mostrándome una breve antología del poeta Óscar Hahn. Copié tres poemas en un papel, que arranqué de mi cuaderno de espiral, y al rato los leí frente a todos. El cinismo que exhibí fue excepcional: ninguna risa, al contrario, toda la seriedad del caso. Recibí aplausos sorpresivos, y al bajar del escenario el profesor de Teoría Literaria me felicitó atónito, ignorando mis dotes poéticas.

Movimiento perpetuo (Lustra editores), de Óscar Hahn, no es ninguna novedad, por supuesto, pero debería serlo, más aún si se trata de la Obra Poética de uno de los poetas contemporáneos más vitales y fundamentales de la Poesía Latinoamericana –Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2011, Premio Altazor de Poesía 2012, Premio Nacional de Literatura 2012–. Así como el editor agradece a Ronald Portocarrero por el primer acercamiento a la poesía de Óscar Hahn (Iquique, 1938), de igual modo –públicamente– tengo que agradecerle a Víctor Ruiz Velazco por mi primer acercamiento a la poesía del vate chileno, también hace más de diez años, allá por el 2002 en un encuentro de escritores en la Universidad de Lima, que tuvo a Hahn entre sus principales invitados; y en especial por la edición de este libro que desde su publicación en el 2008 se ha convertido en un libro de cabecera, aquel que en cualquier momento coges y eliges una página al azar porque sabes que encontrarás lo que estás buscando: llenar un vacío.

Movimiento perpetuo comprende los siguiente libros: Esta rosa negra (1961), Arte de morir (1977), Mal de amor (1981), Estrellas fijas en un cielo blanco (1989), Versos robados (1995), Apariciones profanas (2002), En un abrir y cerrar de ojos (2006), Pena de vida (2008), Flor de enamorados (1987). En el Perú, como menciona el poeta Paul Guillén en uno de los prólogos, solo se publicaron de Hahn Agua final (La Rama Florida, 1967), Arte de morir (Ruray, 1981), La muerte es una buena maestra (El Santo Oficio, 2000), y Hotel de las nostalgias (Lustra editores, 2007). ¿Cómo calificar la poesía de Hahn? En una reciente entrevista Hahn menciona que descubrió la poesía a los 16 años: “Al principio escribí algunos cuentos, pero los encontré malos. Algunos amigos me han dicho que muchos de los artículos de Pequeña biblioteca nocturna –libro reciente publicado por el FCE que reúne su prosa– parecen cuentos y lo mismo con respecto de ciertos poemas. A lo mejor soy un cuentista malogrado que encontró otras vías para expresarse.” También en dicha entrevista Hahn hace mención a la influencia de la cultura popular en su obra: “Películas o programas de televisión que he visto, canciones que he escuchado, noticias de la prensa, telenovelas, todo eso ha ido a parar a mi arsenal interno. No es que deliberadamente busque incluirlos. Aparecen espontáneamente, porque terminan siendo parte de lo que soy, igual que mis lecturas, mis experiencias de vida o la llamada ‘alta cultura’.” Así pues, anota Víctor Ruiz en su presentación, Hahn es paciente y curador al mismo tiempo. Y nosotros acudimos a cada uno de sus exorcismos cada vez que leemos algunos de sus poemas. Con todo, adjetivar la poesía de Hahn sería trastocar su Poesía, y no lamento mi minusvalía crítica en este prequeño artículo –los textos de Víctor Ruiz, Paul Guillén y Carlos López Degregori son satisfactorios.

Como sé que quedan ejemplares en las librerías limeñas cuando este libro debería estar agotado, promocionando una reimpresión, cosa que en un nuestro mercado libresco es más que pedirle peras, plátanos, papayas, al pobre olmo, vaya y compre Movimiento perpetuo, estimado lector; exíjase un poco, acérquese a la Poesía, rompa un poco sus moldes de lectura. Sonará patético, pero no se sentirá defraudado. En seguida comparto un poema de Hahn que elegí esta tarde friolenta al azar y que me llevó a escribir, valga la redundancia, este pequeño artículo.

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Óscar Hahn: A lo mejor soy un cuentista malogrado

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Óscar Hahn reúne su prosa -textos y ensayos- en Pequeña biblioteca nocturna, editado por el Fondo Cultura Económica. “Al principio escribí algunos cuentos, pero los encontré malos. Algunos amigos me han dicho que muchos de los artículos de Pequeña biblioteca nocturna parecen cuentos y lo mismo con respecto de ciertos poemas”, dice el vate. La nota en La Tercera:

“¿El último hit de Lady Gaga, U2 o Justin Bieber?”, se pregunta Oscar Hahn a partir del registro de 10 millones de reproducciones en YouTube. Pero no. El poeta se refiere al Poema 20 de Pablo Neruda dispuesto para los oyentes en internet.

“¿La poesía un arte moribundo? Encienda su computador, amigo. Ahí está, vivita y chateando entre millones de megabytes”, anota el último Premio Nacional de Literatura (2012) en una columna incluida en el libro Pequeña biblioteca nocturna.

El nuevo ejemplar, editado por el Fondo de Cultura Económica, reúne más de 60 textos y ensayos, que Oscar Hahn ha publicado en los últimos cinco años, en diferentes medios de prensa y revistas en Chile y el extranjero. Una especie de autobiografía atravesada por la contingencia y el conocimiento literario del autor de títulos como En un abrir y cerrar de ojos y doctor en filosofía.

“Siempre he sido un buen lector de cuentos y de ensayos y un admirador de la prosa bien escrita”, dice Hahn, quien se instaló nuevamente en el país en 2008, luego de vivir más de 30 años en Estados Unidos, donde fue profesor en la Universidad de Iowa.

Autor de una docena de libros de poesía, su narrativa es breve, pero clave. Incluye la Antología del cuento fantástico hispanoamericano y los ensayos Magias de la escritura.

En Pequeña biblioteca nocturna, Hahn une lo culto y lo popular. En el escrito Poderoso caballero parte hablando de la serie televisiva El patrón del mal y luego analiza cómo la poesía se ha ocupado del dinero como tema “desde tiempos inmemoriales”, y nombra al Arcipreste de Hita hasta Octavio Paz.

Y en varios textos, Hahn narra un episodio terrible en su vida ocurrido hace 40 años: “Una patrulla de soldados llegó a mi casa en Arica, me sacó a punta de metralleta, me sometió a toda clase de golpes y vejaciones y me encerró en la cárcel de esa ciudad”, anota en La sombra de Borges.

Además, Hahn relata en su nuevo libro memorables encuentros y anécdotas con poetas y narradores como Pablo Neruda, Nicanor Parra, Enrique Lihn, Jorge Teillier, José Donoso, Raymond Carver, Joseph Brodsky y Borges.

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Visita a Isla Negra

Neruda en su casa de Isla Negra

El escritor Alonso Cueto cuenta su visita a la casa de Pablo Neruda de Isla Negra, en Valparaíso, que ahora funciona como museo, una muestra del mundo del poeta. Dice el autor de La hora azul

Los escritores buscan que el mundo se parezca a sus obras. En cierto modo escribir expresa el deseo de que las palabras se materialicen en hechos y en objetos. La casa de Pablo Neruda que queda en la Isla Negra, en las costas de Chile, me lo recuerda. El mismo nombre del lugar es una invención poética. Neruda le puso el nombre de “isla negra” a su casa frente a un mar encrespado, que se estrella y se diluye frente a unas rocas altas y  venerables. El nombre se impuso y hoy el pueblo se llama oficialmente así en todos sus locales públicos y documentos. No estamos en una isla y no hay nada de negro en el cielo, el mar o la tierra que nos rodea pero el nombre parece adecuado y justo.

Gracias al escritor chileno Carlos Franz y junto con el colombiano Juan Gabriel Vásquez, hemos llegado a la “Isla Negra”. Lorena Reyes, de la Fundación Pablo Neruda, nos conduce por la sala, el comedor, el altillo, el primer dormitorio. Los mascarones de proa, imágenes de mujeres que han dirigido barcos de todos los mares, navegan inmóviles hacia el centro de la sala. La jarra de cristal checo del comedor, la foto de Baudelaire y de otros escritores, el caballo condecorado de varias colas, y la maravillosa sala de conchas marinas, obras de arte de la naturaleza, ofrecen aspectos variados de un universo barroco, lujoso, desbordado. Junto al dormitorio hay una larga foto horizontal de Machu Picchu. Fue allí donde escribió su famoso poema, con los andenes del monumento peruano llevándolo al cielo.  

Desde el bar, en cuyo techo Neruda fue colocando los nombres de sus amigos muertos (Elsa Triolet, Nazim Hikmet, entre otros), puede verse una cruz y una campana. Aquí se reunía con sus invitados. Nos piden escribir algo en el libro de visitas y los tres cumplimos improvisando. Juan Gabriel Vásquez escribe un soneto, yo una décima y Carlos Franz un antipoema, que recitamos en voz alta. Carolina Rivas, escritora chilena y directora del Museo, nos lleva a las últimas salas. Desde la última visita notamos las mejoras en los jardines y la exposición de malacología. Le digo que la casa me parece en sí misma una obra notable, por su apertura a las vistas del mar, y me revela que Neruda era arquitecto y que fue él mismo quien la diseñó. Afuera, junto al restaurante, almorzamos un caldillo de congrio junto a la oda sobre el mismo, escrita en la pared.

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La quema de libros

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Foto: Gustavo Farias. Quema de libros en Córdoba, marzo 1976

No solo los nazis promovieron masivamente la quema de libros; en nuestra región gobiernos dictatoriales como en Argentina y Chile, y algunas organizaciones religiosas, como en Colombia, también la llevaron a cabo. Cuando Vargas Llosa publicó La ciudad y los perros, también algunos militares pretendieron hacerlo, si es que no lo hicieron. El blog Armónicos de conciencia reproduce un artículo de Renán Vega Cantor sobre este tema:

Quemar libros en forma premeditada indica el grado de barbarie a que puede llegar una sociedad, como se evidenció en diferentes momentos del siglo XX, algunos de los cuales son evocados en este artículo. Es importante rememorar los pormenores de este crimen cultural ahora que se han cumplido 80 años de la masiva combustión de obras escritas en la Alemania nazi y 35 años de la quema de libros en Bucaramanga por parte de un furibundo inquisidor católico que ahora ocupa una alta posición en el Estado colombiano.

Alemania: bibliocausto nazi

El 30 de enero de 1933 Adolf Hitler fue proclamado como Canciller de Alemania y pronto se vieron las consecuencias “culturales” de esta designación. El 4 de febrero se dictó una ley para la Protección del Pueblo Alemán que restringió la libertad de prensa y precisó las normas que permitirían requisar el material impreso que fuera considerado como peligroso. El 5 de febrero fueron atacadas las sedes del partido comunista en varias ciudades de Alemania y se destruyeron sus bibliotecas. El 27 de ese mismo mes fue incendiado el Parlamento, El Reichstag y se quemaron todos sus archivos.

[…]

El verdadero bibliocausto empezó el 5 de mayo, cuando en la ciudad de Colonia los estudiantes de la Universidad ocuparon la biblioteca y seleccionaron los libros de autores judíos y comunistas y luego los incendiaron. Esto anticipaba lo que vendría inmediatamente después, puesto que el día 10 de mayo se programó una multitudinaria reunión con el objetivo de efectuar una quema pública de libros. En la ciudad de Berlín, los estudiantes de la Universidad Wilhelm Von Humboldt recogieron unos 25 mil libros prohibidos y les prendieron fuego en la Plaza de la Opera, gritando consignas “contra la clase materialista y utilitaria” y “por una comunidad de Pueblo y una forma ideal de vida”. Joseph Goebbels en persona presidía el macabro evento y para darle relieve al acontecimiento pronunció un discurso en el que anunciaba los motivos de la “heroica acción” contra los libros. Sin rodeos sostuvo que “la época extremista del intelectualismo judío ha llegado a su fin y la revolución de Alemania ha abierto las puertas nuevamente para un modo de vida que permita llegar a la verdadera esencia del ser alemán”. Señaló que “durante los pasados catorce años Uds., estudiantes, sufrieron en silencio vergonzoso la humillación de la República de Noviembre, y sus bibliotecas fueron inundadas con la basura y la corrupción del asfalto literario de los judíos”. Según él, esa situación se tornó intolerante y por eso “la juventud alemana ha reestablecido ahora nuevas condiciones en nuestro sistema legal y ha devuelto la normalidad a nuestra vida […] Uds. están haciendo lo correcto cuando Uds., a esta hora de medianoche, entregan a las llamas el espíritu diabólico del pasado […] El anterior pasado perece en las llamas; los nuevos tiempos renacen de esas llamas que se queman en nuestros corazones […]”

Se quería borrar el pasado y la memoria, para construir sobre sus ruinas el Tercer Reich, que se pretendía iba a durar mil años. Por ello, en la hoguera se encontraban las obras de grandes pensadores que habían enaltecido al arte, la ciencia, la política y el conocimiento. Allí ardieron libros de Carlos Marx, de Sigmund Freud, Heinrich Mann, Emil Ludwig, Eric Marie Remarque, Heinrich Heine, Bertolt Brecht, Stefan Zweig, Emilio Zola, H.G. Wells, de un total obras que correspondían a unos 5.500 autores de Alemania y otros países del mundo. Al unísono, en otras 22 ciudades de Alemania se quemaban libros y durante ese trágico mes de mayo millones de libros fueron devorados por el fuego, en medio de la celebración histérica de una juventud enceguecida por el odio sectario contra toda obra escrita que fuera considerada como judía, comunista o antialemana.

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