John Banville: La perfección no se puede lograr, y la perfección es lo único que me interesa.

John Banville (Wexford, 1945) uno de los escritores más renombrados en la actualidad en Irlanda, publica bajo el seudónima de Banjamin Blanck: Vanganza (Alfaguara), que es la quinta de una serie de novela negra y que tiene como protagonizada al patólogo Quirke. Entre sus novelas más destacadas de Banville se encuentran El libro de las pruebas (Finalista del Premio Booker en 1989), El Intocable, Eclipse, Imposturas, El mar (premio Booker en 2005) y Los infinitos.
Aquí la entrevista realizada por el ABC:
A usted le encantan los mitos. ¿Se parece a Jano, a quien se representa con dos caras? Una sería John Banville; la otra, Benjamin Black.
Bueno, resulta bonita y halagadora la idea de que yo sea un personaje tan interesante. Me temo que la verdad es más banal: Benjamin Black hace el trabajo que paga el alquiler, mientras que John Banville trabaja en la oscuridad, de noche.
Black pule la trama, los personajes, los diálogos; Banville pule las frases hasta hacerlas perfectas. ¿Sería posible combinar lo mejor de ambos en un solo libro?
No. Banville es una clase de escritor, y Black, otra. Sería nefasto que uno intentara influir en el trabajo del otro. Alguna que otra vez, cuando estoy cansado o pierdo la concentración, Banville se inclina sobre el hombro de Black e intenta rehacer una frase, o Black hace lo mismo con Banville. El resultado es siempre un desastre.
Corríjame si me equivoco: Banville, gracias a novelas como «El mar», es un escritor que cosecha premios y prestigio, y Black, gracias a la serie de Quirke, lo que cosecha son lectores.
Ese sería un arreglo muy bueno, ¿a que sí? El doctor Jekyll hace el trabajo intelectual, mientras que Hyde sale y… Bueno, todos sabemos lo que hace Hyde, y cuando lo hace, la carretera queda sembrada de cadáveres.
Quirke nos traslada al Dublín de los años cincuenta. ¿Qué tienen esa ciudad y esa época para que les haya dedicado cinco novelas?
Ahora son seis, ya que acabo de terminar una nueva [«Holy Orders»]. El de los años cincuenta es uno de los periodos más fascinantes de la Historia reciente, en Irlanda igual que, por ejemplo, en España. Nací en 1945, en Wexford, una pequeña ciudad del sudeste de Irlanda, y las visitas a Dublín eran escasas y emocionantes. Mi tía tenía un piso en uno de los grandes edificios georgianos de la calle Upper Mount. Cuando murió, a principios de la década de 1960, heredé el usufructo del piso y he vivido felizmente allí desde 1969. Quirke, a su vez, ha heredado el mismo piso de mí. Me produce un gran placer explorar mis recuerdos de los años cincuenta y me sorprende lo mucho que recuerdo de esa época, y lo vívido que es el recuerdo.
Benjamin Black nace a partir de sus lecturas del «otro» Simenon, el de las novelas que no protagoniza Maigret.
Simenon las llamaba sus «romans durs»: «La nieve estaba sucia», «El efecto de la luna», «Monsieur Monde desaparece», «Extraños en la casa». La mayoría de estas historias tienen un crimen en ellas, pero la criminalidad es secundaria. Lo que le interesa a Simenon es el hombre moderno atrapado en una crisis existencial. En este aspecto, es uno de los más grandes novelistas del siglo XX.
¿Por qué le tiene tanta manía al inspector Maigret?
Probé a leer uno o dos libros de Maigret, pero los encontré predecibles y un tanto rancios.









