Alberto Fuguet publica “Cinépata”, su historia como cinéfilo

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"Quiero que mis películas tengan literatura y mis libros tengan cine”, ha dicho el escritor chileno Alberto Fuguet en una nota reciente para La Tercera. El vínculo del autor de Tinta roja con el cine es imprescindible; luego de publicar Las películas de mi vida en el 2003 y de realizar Se arrienda en el 2005, desilusionado o no, Fuguet permaneció escribiendo pequeños ensayos sobre cine, así mismo una serie de guiones que en esta nueva publicación se dan a conocer.

Aquí la nota de Roberto Careaga:

La noche antes de que Alberto Fuguet estrenara su primera película, Se arrienda(2005), un grupo de escritores chilenos, amigos todos, le dieron una cena. Una cena de despedida. El autor de Mala onda le decía adiós a la literatura y, por fin, se pasaba al lado del cine. No era totalmente en serio, pero tampoco era sólo una broma: Fuguet no sabía si iba a volver. Tenía 41 años, llevaba más de 15 años moviéndose por Chile, Latinoamérica y EE.UU. como escritor, y quizás no regresaba a la literatura. Ya sabemos qué pasó: volvió. Pero no igual. “El cine lo cambió todo”, dice.

Antes ya había sucedido una vez. Un domingo helado de 1980, cuando Alberto tenía 15 o 16 años, entró al Cine Rex. Exhibían Manhattan, de Woody Allen. “Lo que vi me fascinó y alteró para siempre”, escribe Fuguet en Cinépata, un libro que precisamente tiene ahí, en esa película en blanco y negro, su impensable chispazo original. Este, que no quepan dudas, es el libro del Fuguet cinéfilo. El original. El de antes de los libros. También Cinépata es el libro del Fuguet que cambió después de Se arrienda.

“Yo nunca quise ser escritor. Siempre fui un cinéfilo. Y eso sigue siendo lo primero”, dice. Y agrega: “El cine fue un cambio sin retorno. Acabo de terminar un guión y podría perfectamente ser una novela. Ahora puedo escribir como se me dé la puta gana. Me gustaría que mis películas tengan literatura y mis libros tengan cine”.

Sin ficción

Cajón de sastre de un crítico de cine devenido en director, Cinépata lleva el título del sitio web que Fuguet montó en 2009 para subirse a la moral cinéfila en la era de internet: es una plataforma legal de descarga y visionado de películas, que incluye las suyas. En su origen, el sitio fue un gesto de desacato ante la industria millonaria y burocrática del cine clásico. El libro es un eco de esa experiencia, pero esta vez el asunto es personal: en esta bitácora está la vida de su autor, desde Manhattan hasta, por ejemplo, su deslumbramiento con Ted, la película del oso de peluche de Seth MacFarlane.

Hecho de críticas, artículos, confesiones, ensayos de coqueteo literario y hasta un cuento,Cinépata también incluye un decálogo en torno a Mi cuerpo es una celda, esa autobiografía que Fuguet organizó con los papeles de Andrés Caicedo (1951-1977), su “hermano” cinéfilo/novelista colombiano. En medio, hay notas y fragmentos de guiones de sus películasPerdido (nunca filmada), 2 horasVelódromo y, en el caso de Música campesina, hasta el DVD.

Por las 350 páginas circula de Allen a Francis Ford Coppola, de David Fincher a Eastwood, de Rossellini a Diego Luna, de Rohmer a Zemeckis, de Lumet al Che Sandoval. Etc. Fuguet lee y ensaya, a ratos con más cálculo literario del que confiesa, sobre Guillermo Cabrera Infante y Manuel Puig, Pauline Kael y Héctor Soto. De pronto, deja caer provocaciones como, por ejemplo, que “no hay documental malo” o que optó por no ir a ver las películas de Raúl Ruiz.

“No lo ataco, nada, pero Ruiz me gusta poco. Me gusta más su etapa chilena”, dice, y tiene que pensar cinco, 10 y hasta 20 segundos de qué película chilena tendría un póster en su casa. Responde indirectamente: “No soy un gran fan del cine chileno y creo que por eso hice mis películas. Me pasó lo mismo antiguamente con la literatura chilena: sentía que había un lugar para mí”.

Antes que un libro sobre cine, este iba a ser un libro sobre literatura. Iba a ser tan grande que lo partió en dos: a Cinépata se le sumará en 2013 Tránsitos, al alero de la editorial de la UDP. Son primos: será otro cajón de sastre de apuntes literarios. Nada de obviedades: por ejemplo, a Fuguet le impresionó más Diarios, de Kurt Cobain, “que la novela del premio Alfaguara del 2007, que no sé quién fue; fue una experiencia literaria mucho más potente”.

Acá en Cinépata y allá en Tránsitos merodea el crítico: “Me gusta pensar que soy un crítico de cine. Creo que es bueno ser crítico de cine para hacer películas, tal como es bueno ser un crítico literario para escribir”, dice, y retrocede para tomar vuelo: “No soy uno literario, no tengo las armas. Pero soy un lector a mi manera. Y ahora estoy tratando de escribir novelas a mi manera: sin tener que escribir novelas. Sin ficción. Es darme el derecho de ser escritor sin tener que estar escribiendo siempre una novela”.

De vuelta al 2005. De vuelta a Se arrienda. Un poco antes: en 2003 publicó Las películas de mi vida, acaso la novela que cerró el ciclo de Fuguet como escritor tradicional. Se decepcionó del cine industrial con Se arrienda. Después desconfió de la ficción. Escribió esa memoria familiar llamada Missing. Se hizo cineasta garaje. Escribió Cinépata, está en medio deTránsitos y termina Locaciones, un documental sobre La ley de la calle que, dice, es un primo de los libros: “Es un ensayo personal. Es un ensayo fílmico. Una película en primera persona, con mis intereses, homenajes y punto de vista. Todo es parte de lo mismo: hacer cine de otra manera, escribir de otra manera”, dice.